San Antonio de Padua, un aristócrata por nacimiento, fue un sacerdote Franciacano y un
defensor de la causa de los pobres y los oprimidos. De acuerdo a la leyenda, el
anfitrión de una casa donde San Antonio estaba hospadado vió una luz radiante que salia
desde abajo de la puerta del dormitorio del santo. Mirando a través del hoyo de la
cerradura, descubrió que la fuente de la luz era Cristo como un niño sentado en los
brazos del santo.
El motivo ilustrado es uno de los más comunes usados en el arte del ratablo para
representar a San Antonio. El santo aparece como un hombre joven y amable, sosteniendo
al Niño, una azucena y ocasionalmente un libro. El manto azul que se muestra en estos
retablos no es poco común en pinturas de Franciscanos de esa época. Los Franciscanos
Españoles adoptaron comunmente túnicas azules debido a su devoción especial a la pureza
inmaculada de la Virgen, y no fue sino hasta después del decreto papal en 1897 que el
café se transformó en el color universal para los habitos Franciscanos.
Como un estudianto que no tuvo rival viviente como un experto bíblico, San Antonio fue
adoptado por los analfabetos para transformarse en el buscador de baratijas perdidas y el
santo de las súplicas triviales. A él también se le invoca para encontrar marido a
mujeres solteras y las mujeres casadas lo invocan por fertlidad.